Diciembre llegó y nuestro viaje a Francia era eminente. Nos levantamos muy temprano y empezamos a manejar con dirección a Dover para de ahí tomar el Ferry y llegar a Calais. Joaquín disfrutó el bote tanto que no quería entrar por un momento a pesar de que el viento era tan fuerte que nos quitaba el aliento.
Su regalo preferido fue este cochesito, no dejó de empujarlo desde que lo recibió y ni le importó el frío que hacía en Tuzie, quería salir a pasear con el a todo momento. Disfrutó también de las escaleras de la casa de Granny, tres pisos para subir y bajar!...el paraíso para mi pequenio escalador. Se divirtió también jugando con la perrita Kiltie y encontrando cada rincón escondido de esta casa inmensa que fue su reto por la duración de nuestra estadía. Otra cosa que le llamó la antención fue Great-granny, porque al igual que a él, la alimentaban y dormía todo el tiempo. Fue muy lindo ver que Jo mostró interés en mi pequenio y hasta le sonrió algunas veces. Grandpa' Peter fue su preferido, por sus zapatos inmensos que usó todo el tiempo y por su cara que pica y pues tan solo por ser él.
Fue una navidad preciosa con la ilusión de la primer navidad de mi ninio y los hermosos paisajes de Tuzie, pero teníamos que regresar a la realidad y pues emprendimos nuestro camino de regreso. Todo bien, llegamos a Calais y decidimos quedarnos la noche en un hotel para salir temprano en la maniana. Desafortunadamente en la hora del banio tuvimos un accidente. Joaquín, se resbaló en el banio y golpió su frente contra la ducha. La Policía que estaba en el hotel nos ayudó a llegar a un hospital, el doctor cogió tres puntos en la frente de mi rey y regresamos al hotel a dormir la mala experiencia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario