Nos encontramos con este tren de pura casualidad, nada más y nada menos que el tren público más pequenio del mundo. Para nuestra suerte, estaba ofreciendo paseos a los visitantes del parque y pues apenas mi pequenio lo vió tuvimos que ir a ver de que se trataba. A Joaquín le encanto y tengo que decir que yo lo disfruté también. Cuando la vuelta terminó, Joaquín no quería bajarse, nos tomó un tiempo converserlo que otros ninios querían subir también y que nos tenías que ir.


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